El cine venezolano: La leyenda que nunca terminará


Entre problemas, quiebres y fracasos, hay que terciar entre el arte y monarcas corruptos, para que el cine venezolano salga adelante.

Un poco de historia y contrastes entre ideas no superfluas, ayudarán a marcar un poco lo que es el cine criollo en el corazón del pueblo. Sin embargo, nunca se sabrá si el esfuerzo y trabajo dedicado por personas talentosas habrá sido en vano, o si es que acaso el declive se balanceará algún día.

Manuel Trujillo Durán, un asombroso zuliano, trae al país el vitascopio perfeccionado, invento del científico Thomas Alva Edison. El 22 de Julio de 1902, a sólo 20 días de haber sido exhibido en New York, el aparato arriba a tierra maracucha. Este mismo año Trujillo exhibe el invento en aquella ciudad; llevándolo luego a Caracas, Valencia y Barquisimeto.

El pionero realiza una función pública de cine en el teatro Baralt de Maracaibo. El programa de esa noche comprendía, luego de dos películas proyectadas ya en Francia por los hermanos Lumiére, unas palabras por parte del Sr. Trujillo de presentación, la sesión e inicio de la obra y la despedida. La plebe se encontraba fuera del teatro, entusiasmada y curiosa, por lo que sería este histórico evento. Se podría ver y sentir claramente la sensación de angustia y tensión por la que los maracuchos estaban pasando, pero todo se silenció y se inmovilizó una vez que, dentro del teatro oscuro, una pequeña luz se encendió en el medio de un rectángulo blanco y espacioso. Luego, sin más preámbulos, aparecieron imágenes en movimiento en ese espacio, y de hecho, con una trama involucrada, e increíblemente hizo reír y causó emoción en la calurosa audiencia. Es aquí donde empieza la gran odisea venezolana dividida en épicas proporciones.

La mayoría de las cosas se cuentan, a veces, en números y así se recuerda que han pasado 101 años desde que Manuel Trujillo Durán hiciera su película Muchachos bañándose en la laguna de Maracaibo, donde la principal debutante, protagonista y estrella de éste histórico evento, fue Venezuela. Donde por primera vez en la historia de nuestro país se creaba y se proyectaba una película. No sólo se creó, sino también fue el primer paso al mundo artístico y cinematográfico, un mundo lleno de altos y bajos, de esfuerzos, alegrías, entretenimiento, corrupción, cualidades y belleza estética. Y que ha sido uno de los tantos medios que se ha visto afectado e influenciado por los inconvenientes que en nuestro país se presentan y por problemas foráneos que han salpicado, pero a su vez hemos limpiado con el pañuelo de la esperanza.

El cine venezolano ha decaído y ha sido de muy mala calidad, es verdad, pero la manera en que se ha levantado y ha dado la cara tantas veces y ante tantos problemas, es comparable sólo con los Troyanos que no dejaban que los griegos entraran en su comunidad. Y es por ello, que nuestro pueblo debería sacar sus viejas películas criollas y clásicas, recostarse en una hamaca y disfrutar de ellas. Ya que en éstas, están reflejado el esfuerzo y cariño de mucha gente, que trabajan para ser orgullo venezolano, para que se olviden de la crisis, esperanzándose así, de que al final, así como en nuestra filmografía, todo salga bien.

Los encargados de la tropa
En 1962, el Ministerio de Fomento se encargó de crear el “Fondo cinematográfico”, FONCINE, el cual se encargaba de dar crédito a las productoras independientes, interesadas en hacer cine, pero la mayoría de estas organizaciones tenían más fines políticos y sociales, que artísticos. “Por eso, es que el cine venezolano en aquel entonces fue tan malo y pésimo, porque como había dinero en el país, se le repartía como papelillo a todo el mundo, y sin importarse siquiera en un buen guión o en un buen director, no todo el mundo sabe hacer cine, por lo tanto el cine cayó de manera vertiginosa” comenta el Ingeniero Daniel Labarca, presidente en la Universidad de Carabobo de Fundacine-uc.

También el cine latinoamericano, se vio corrompido por una serie de acontecimientos que marcaron la historia. Tal y como lo fue la revolución cubana, donde todos querían revelarse ante el gobierno, apoyándose en el cine para que estos subversivos pudieran lograr sus objetivos, viéndose así afectado por izquierdistas que su único propósito era adueñarse de las mentes limpias por medio del cine. Esta tendencia se regó por toda Sudamérica, impregnándose así el arte venezolano. Por ello, en 1994 se clausuró Foncine y se creó el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, CNAC; donde, para recibir el crédito para hacer una película, hay que pasar por una serie de leyes y artículos creados por la institución.

Entre leyes y sueños
Desde Agosto de 1994, el CNAC, ha estimulado y respaldado a los cineastas en el difícil reto de hacer más y mejor cine para los venezolanos, tal y como lo señala la Ley de Cinematografía, que le dio vida a la organización que ha orientado sus esfuerzos institucionales a estimular la consolidación y el desarrollo de la industria audiovisual como un todo. Con este fin, ha diseñado e implantado diversas estrategias para el fomento de las obras nacionales, tanto en la etapa de creación como en la de financiamiento, producción, post-producción, promoción, mercadeo y exhibición, áreas a la que destina cerca del 70 por ciento de su presupuesto anual. El cine es un espectáculo masivo que en Venezuela, como se ha visto, es susceptible de ser considerado prioridad para el consumo. Afortunadamente, esta misma relevancia ha empezado a otorgársele con la aprobación de un marco legal que lo proteja, fomente y regule.

De todo un proceso de luchas, el cine nacional salió robustecido. El CNAC ha comenzado dinámicamente su trabajo, y con él una nueva etapa. No obstante, sería conveniente como recomendación estratégica, desarrollar y fortalecer, como parte de la política cinematográfica, la promoción, y con ella, la actitud y disposición hacia el cine venezolano.

Hace treinta años una película lograba recuperar el costo a través de circuitos nacionales e internacionales de sala de cine, ahora debe encarnar múltiples canales de salida de presión competitiva: la televisión estatal y sobre todo la privada, las cadenas de otros países, los servicios por cable-distribución, los satélites de radiodifusión fijos (conocidos como CS-Communication satellite) y directos (conocidos como DBS-Direct broadcasting Satellite), videogramas, discos láser, etc. Y lamentablemente el costo para hacer una película es sumamente alto, en Venezuela normalmente se gastarían unos 300 millones de bolívares.

Por amor al arte
Pues si, tantos han sido los problemas que ha pasado nuestro cine, y a pesar de ello, se tienen aún muchos demonios contra quien luchar, muchas organizaciones que formar, muchos discusiones que hacer y muchos sueños por cumplir. El cine criollo es definitivamente un aporte al arte latinoamericano e internacional, en Venezuela hay gente con talento, gente que daría lo que sea por formar parte de esta linda tradición post-modernista, que nos llena de emoción cuando nos sentamos en una de esas butacas reclinables. No habrá nunca, un mejor sentimiento que el de los niños corriendo por las salas del teatro, el olor a cotufa que tanto nos gusta, y el silencio tronante que se hace cuando el arte está a punto de ser expuesto. El cine venezolano ha visto realidades que afirman nuestra identidad y lo hacen universal porque es auténtico. Faltan otros soñadores, siempre faltan… Es difícil contar sueños, pues como sus ideales son infinitos, y es de eso lo que el cine se trata, de contar una historia de la manera más simple y artística posible, porque los que amamos el cine siempre estaremos a la espera de que se nos presente la oportunidad de dirigir una película y ser orgullo patriótico venezolano.

Texto cortesía de Eduardo Arias.

Escrito por valencia.com.ve
Martes 11 de Noviembre de 2003 a las 4:57 pm ( 414 lecturas )

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