Pío Lara: un personaje único
El cuenta cuentos más conocido de Valencia se reunió con valencia.com.ve para relatarnos sobre sus 14 años de trayectoria y de porqué para los niños, los cuentos son y seguirán siendo, una vía de escape a la ajetreante actividad urbana

Robinsón José, mejor conocido como “Pío Lara” es todo un personaje de nuestra ciudad. Son ya 14 años los que lleva en el mundo de los cuentos, un lugar al que llegó como por “un accidente” según su propia definición. El motivo de este percance fue la ausencia de los recreadores o payasos en un evento de un amigo, por lo que quien hoy en día es Pío Lara, decidió montarse en tarima y “salvar la patria” como se dice coloquialmente. Agarró su cuatro y comenzó a contar la historia de “porqué Tío Conejo tiene las orejas grandes” que se la había aprendido poco antes gracias a que estaba leyendo el libro “Noche Buena Negra” de Juan Pablo Sojo.
En aquella época, la situación económica arreciaba y “Pío Lara” en vista de la buena acogida que tuvo con su primer intento en el arte de contar cuentos y la oferta de contrato por parte de la Alcaldía, optó por ésta como una vía para salir adelante con su “recién formada familia”. Decidió llamarse “Pío Lara” porque cuando estaba en la Universidad recibió un volante de la Cátedra Ambientalista “Pío Tamayo”. Le parece interesante el “Pío” porque descubre que, al igual que él, es oriundo del Tocuyo Estado Lara. Un día caminando por los pasillos de la Facultad de Ingeniería, antes de presentarse en un homenaje a Alí Primera, ve un cartel que decía Alí Primera en Lara con Pío Alvarado. Por lo que decidió hacer una mezcla entre Pío Tamayo, poeta y Pío Alvarado, músico y llamarse Pío. Lo de Lara vino porque Robinson realizó el servicio militar en el grupo de artillería “Juan Jacinto Lara” el epónimo del nombre de su estado natal, y en honor a ello resolvió llamarse “Pío Lara”.
Con el paso de los años, Lara confiesa que los niños han cambiado. Antes eran más impresionables, más inocentes “aunque eso no quiere decir que los niños actuales no disfrutan con los cuentos, sólo que por tener el acceso a Internet, a la televisión, entre otras cosas, algunas veces saben mucho y pierden un poco la candidez”. No obstante, para ello, Pío Lara dice que los cuentos tienen edad y menciona que la idea es que se sientan identificados con la historia, “para un niño de 4, 5 años la súper servilleta es interesante, pero para un pre adolescente que está descubriendo el mundo de las admiradoras y admiradores quizás la Ratoncita Presumida que tiene ese argumento en su historia sería lo más indicado”.

Una de las características que hacen de Pío un personaje único, es que él mismo compone y escribe sus propios cuentos. Esta tarea la inicio desde una vez que tuvo la oportunidad de alternar en un espectáculo con 3 señoritas cuenta cuentos que vinieron de Colombia, Argentina y México al país. Él como era el anfitrión y único hombre, cedió su turno hasta el final y, como estaba comenzando su carrera sólo se sabía 3 cuentos. Para su mala suerte las invitadas contaron cada una un cuento venezolano que resultaron ser los únicos cuentos que se sabía Pío, por lo que se vio en la necesidad de improvisar cantando con su cuatro. Desde entonces se dijo: “no cuento más cuentos de nadie” y comenzó a estudiar literatura para él mismo realizar sus producciones tal y como hoy día lo hace. Aunque claro, no deja de lado los famosos cuentos de esos escritores que han hecho historia.
Pío Lara ha estado en numerosos espectáculos y ha visitado muchos lugres del país. Pero, existen dos experiencias que recuerda con especial cariño. La primera de ella es la ocasión en la que tuvo la oportunidad de presentarse ante un público conformado, en su mayoría, por niños sordos. Cuestión de la que no se enteró hasta un minuto antes de salir a escena. “los niños comenzaron a hacer una señas y yo estaba todavía asustado, pero las señas eran para que contara otro cuento”.
Otro de los momentos que enorgullecen a Pío dentro de su carrera, fue la presentación que realizó en la Monumental de Valencia donde fungió como telonero de Simón Díaz. Ya en escena y “poniendo lo mejor de sí” como él mismo dice, el organizador del evento le comenzó a hacer señas para que abandonara el escenario. La respuesta que estaba recibiendo del público era tal que no quería dejar la tarima hasta que se vio obligado a hacerlo. El público no contento por ello comenzó a gritar “otra, otra, otra” por lo que Pío regresó al escenario muy satisfecho y contento con su trabajo.
Para finalizar, envió un mensaje a todas aquellas personas que deseen empezar con esta bella tradición que es parte de la cultura venezolana “lo difícil es empezar y claro… el compromiso de mantenerte”. “Es una fuente económica interesante, pero lo más importante es que les guste como a mi me gusta”.










