Braulio Salazar: pasiones que vencen el paso del tiempo
El Alzheimer no ha podido borrar de la memoria de Braulio Salazar, uno de los más célebres artistas plásticos valencianos, su incesante amor por la pintura, vértice central de su vida y su fascinación por la figura de la mujer. Pinta, aunque su pincel esté seco.

Con más de 80 años en su haber y una larga trayectoria artística, Braulio Salazar se encuentra a diario en su taller, un estudio lleno de obras en las que él trabaja incesantemente, acompañado de quien ha sido su esposa “toda la vida”, Rosa de Salazar.
De sastre o carpintero, es difícil imaginar a este reconocido pintor. De fotógrafo, quizás. Pero a pesar de haberse iniciado en cada una de estas áreas, comenzó a estudiar pintura a los 11 años y logró exponer trabajos propios por primera vez sin haber cumplido los 20. Lo que siguió a continuación fue un proceso evolutivo que le hizo convertirse en un respetado artista, merecedor en tres oportunidades del Premio Michelena.
De ojos claros y piel muy blanca, arrugada por el implacable paso del tiempo, este hombre, que hoy a ratos olvida cosas que acaba de oír, se mostró dispuesto a recibirme (y de la forma más cordial) con una condición previa: no hablaríamos de política. En la lista de temas a tratar, la política no había sido siquiera considerada.
Braulio Salazar parece haber guardado en su memoria sólo aquellas cosas realmente importantes para él. La enfermedad degenerativa que padece pudiera ser una de las causas. Por ello, la mayor parte de nuestra conversa giró en torno a su pintura y su fuente de inspiración.

“A mí me gusta mucho el retrato, hice muchos cuando estaba joven”, recuerda el artista. Caracterizándose siempre por ser un pintor figurativo, Salazar ha plasmado en sus trabajos la grandeza de la figura humana, sobretodo la de la mujer, pues él asegura que la halla sumamente tierna e interesante. Esto lo ha llevado a tener ahora un estudio lleno de lienzos en los que esbozado mujeres en diferentes paisajes.
“Quítame esa arruguita”, oyó más de una vez Salazar, cuando se dedicaba a realizar algún retrato. Su respuesta fue siempre un “¿cómo te la voy a quitar si tú la tienes?”, según recuerda con algo de picardía. A este género, conocido por ser “uno de los más difíciles dentro de la pintura” se dedicó este artista durante una época.
Él asegura que la dificultad de ser retratista reside en que “a parte de interpretar la forma de la persona, tienes que captar el carácter y sentimientos de ese elemento que estás pintando (…) la interioridad del personaje”, logrando así reflejar “lo que está adentro”, cualidad que según su parecer no se obtiene a través de la fotografía.

El arte de enseñar
El mérito de este maestro de las artes plásticas, no reside sólo en su obra. Décadas de su vida estuvieron dedicadas a la enseñanza. En 1945, funda el primer Taller de Dibujo y Pintura Rotary Club de Valencia, que luego se convertiría en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena, la cual estuvo bajo su dirección hasta el año 1970.
En referencia a esto, él recuerda: “a mí me decían que la escuela me iba a quitar mucho tiempo, pero quitó el necesario (…) tengo discípulos muy importantes que empezaron a trabajar aquí”; agregando luego: “me ha gustado siempre expresar lo que siento”, ésta fue la pasión que buscó despertar en sus alumnos, con cautela de no influenciarlos para que acabaran haciendo lo mismo que él.
Además de esto, Salazar fundó la Escuela Armando Reverón de Barcelona y la Escuela Rafael Monasterio de Maracay. En 1960 fue elegido presidente de la Primera Convención de Directores de las Escuelas de Artes Plásticas del país y siete años después, fue nombrado jefe del Taller de Plástica del Departamento de Humanidades de la Facultad de Ingeniería en la Universidad de Carabobo.
100% valenciano
A pesar de haber viajado y vivido en diferentes épocas de su vida en países como Francia, España y México (en donde estudió pintura mural), Braulio Salazar siempre regresó a la ciudad que le vio nacer.
“Yo soy valenciano 100%, yo nací aquí y estudié aquí” asegura él, mostrando una veta de orgullo por esta ciudad, que hoy posee hasta una galería que lleva su nombre, la Galería Universitaria Braulio Salazar.
Sin embargo, su legado se encuentra esparcido a lo largo del territorio nacional y también en otros países. Cuentan con obras suyas el Museo Alejandro Otero, la Plaza Bicentenaria de Caracas, La Fundación Galería de Arte Nacional, el Ateneo de Valencia, entre otras instituciones y museos.

Braulio Salazar, asegura hoy que los premios recibidos a lo largo de su trayetoria artística no son más que “un reconocimiento a su obra”, pues no lo considera “una cosa esencial en la vida de un pintor”, afirmación que sustenta destacando: “hay grandes pintores que nunca tuvieron un premio”.
A pesar de que este artista asegura que hoy día se hace una fuerte autocrítica, aun hoy se dedica a crear, “ésta es mi pintura y es lo que hago y lo que veo”.
Los días pasan, mientras en su hogar perpetua su amor por la pintura y su mujer: Rosa de Salazar, con quien aun después del paso de los años y las consecuencias de su enfermedad, comparte “sus penas y alegrías”.










