Bernardo Valencia: la fuerza de lo que se lleva en la sangre


Yimmer Bernardo Trosel Estévez “no es nombre de torero, es nombre más bien de pelotero”, por eso al reconocido matador de toros valenciano, de 28 años de trayectoria, se le conoce como Bernardo Valencia, luego de que el periodista Raúl Albert lo bautizara así cuando él comenzara su carrera como becerrista, a los 8 años de edad.


Como cada mañana a las nueve, “toreando al viento” y entrenando con el mayor de sus tres hijos, dedicado al mismo oficio que él, nos recibió el torero en el Parque Metropolitano. Allí, sin mayores pretensiones y en medio de su rutina diaria, se dispuso a hablarnos de su interesante historia, llena de triunfos.

Bernardo Valencia conoce el significado de llevar algo en la sangre, “mi abuelo fue banderillero y mi papá era picador de toros”, recuerda él, quien procede de una familia “humilde” de 10 hermanos, “siete varones y tres hembras”, de los que al menos cinco salieron “con la idea de ser alguien en el toreo”.

El padre de Yimmer Bernardo era conocido como “El Quemao”, por lo que a él desde pequeño lo apodaron “El Quemaíto”, pero este sobrenombre “suena a que estás quemado antes de salir a torear”, por lo que Albert, al realizarle su primera entrevista le sugiere un seudónimo que le duraría “para toda la vida”: Bernardo Valencia, híbrido de su segundo nombre de pila y de su tierra, la ciudad que lo viera nacer en octubre del 52.

A pesar de estar inmerso en el mundo taurino desde temprana edad, Yimmer Bernardo decidió recibir formación académica, por considerarla indispensable, graduándose por esto en la Universidad de Carabobo, en la carrera de Relaciones Industriales. “Primero los estudios y después la profesión, porque nunca se sabe si en esto vas a triunfar o no”, advierte el torero.

No obstante, él asegura vehementemente que el estar ligado al que ha sido su medio a lo largo de su vida, le impulsó siempre “a querer ser alguien en la vida” y a “alejarse de la mediocridad”.

Emprendiendo un largo camino

A la edad de 18 años, Bernardo Valencia parte a España, tras haber ganado un premio compartido con Víctor Sandoval y recibir en consecuencia, un pasaje de ida a dicho país y 700 dólares, que en aquel entonces alcanzaban “para vivir al menos un año”.


Durante el primer año se residenció en Madrid, pero allí no pudo torear; por lo que más tarde se muda a Andalucía y allí comienza a hacer sus primeras novilladas. “A partir ya de los 3 o 4 años, ya había toreado en Sevilla, Madrid, Puerto Santa María, Jerez, Málaga, Francia; en fin, una cantidad de plazas que fueron importantes para mí”, relata.

Estando en el exterior, durante algún tiempo, su padre le ayudó a mantenerse, enviándole “lo que podía”. Sin embargo, cuando llegaron momentos difíciles, se fue a vivir y a trabajar en una ganadería de reces bravas, en la que se dedicó a hacer los deberes del campo y a entrenar en sus ratos libres con los animales del lugar.

Bernardo asegura que esta experiencia le fue de mucha ayuda, ya que tuvo la oportunidad de desenvolverse en su medio, sin dejar a un lado las atenciones que le fueron concedidas por los dueños de la ganadería, “viví allí 5 años como si fuera hijo de esa gente (…) me ayudaron mucho”, recuerda casi con nostalgia.

La alternativa, la tomó en Málaga el 03 de octubre del 76, en un pueblo llamado Benalmádena, de manos de Miguel Mateo “Miguelín”. “Después de esa corrida regresé a Venezuela como matador de toros a debutar en el Nuevo Circo de Caracas”.

Al regresar a Venezuela, luego de pasar 8 años en el exterior, sintió ganas de volver a España. “Al principio fue bastante difícil porque las cosas no rodaron como yo esperaba”, explica el torero, quien además tuvo que acostumbrarse a un toro “más tropical, con menos casta y menos bravura” y a un público menos entendido en la materia, con menor cultura taurina.

Después de un par de tropiezos tuvo la seria intención de regresarse a España, “si las cosas no me rodaban bien en la próxima corrida”. Pero su tierra lo llamaba, según él mismo asevera y en el año 77 consigue una oportunidad en la Feria de San Cristóbal. A partir de allí, todo mejoró considerablemente, “me empecé a mentalizar (…) cambié total y radicalmente mi forma de torear, según lo que yo veía que a la gente le gustaba”.

Hoy, Bernardo Valencia cuenta 28 años de profesión, lo cual “es un síntoma de que las cosas te han rodado bien”, pues para un matador de toros no es fácil mantenerse tanto tiempo activo. En el tiempo que ha transcurrido desde aquel entonces hasta la actualidad, vivió también en Portugal 1 año y 5 más en México, en donde confirmó la alternativa en el 81. Estar en el exterior le sirvió para consolidarse como figura importante del mundo taurino en Venezuela.

Habiendo toreado en las plazas más importantes del mundo y habiendo viajado incesantemente durante décadas, Bernardo no ha salido más de su país desde el año 90, por voluntad propia, “ahora si me cuesta salir de aquí, de mi terruño, de Valencia”. Aquí, toreará hasta retirarse.


Perseverancia, ambición y sueños

A pesar de haber ganado “todos los trofeos que ha habido en Venezuela, como el de la Feria de San Cristóbal, el de la de Maracaibo, el de la de Mérida, el de la del Zulia”, tres Plumas de Oro de la Corrida de la Prensa, reconocimientos de la PTJ, la Guardia Nacional, la Policía Metropolitana, la Feria de la Naranja, entre muchos otros, Bernardo asegura que “en lo taurino nunca llegas a tener una faena soñada, siempre estás deseando y exigiéndote más”.

Por otra parte, este matador de toros se preocupa en exaltar la importancia de tener siempre humildad y de valorar la amistad, por lo que el afirma que le gusta ser “amigo de todos”.

Hoy quisiera cumplir el sueño de entregarle la alternativa a su hijo en la Plaza Monumental de Valencia, “dársela como padre y como torero”. En Latinoamérica no se ha dado el caso de que un padre activo como torero le pase la alternativa a su hijo y Bernardo considera que “sería emocionante, tanto para mí, como para mi gente de Valencia” lograr esta meta.

“Tigre viejo pierde la habilidad, pero no la maña”

“Dicen que se necesita mucho valor para ser torero, pero también se necesita mucha disciplina y saber del tema. Todos los toreros tenemos miedos (…) pero a medida que vas toreando y que vas aprendiendo la profesión, te va gustando más y vas aprendiendo lo que se conoce como los secretos del toro; – cuenta Bernardo – a veces los muchachos tienen más valor que experiencia, yo tengo la experiencia”.

Aun ahora siente temores a la hora de cada corrida, pero se prepara física y mentalmente para poder dar la talla en la arena. Seguir toreando le ayuda a “saber que está vivo y que está haciendo algo por Venezuela”.

Evidencia de esto fue su desempeño en la cuarta corrida de la IV Feria Internacional de Valencia, en la que se enfrentó a “El Cordobés” y “El Fandi”, resultando ganador este último. No obstante, esto no le resta mérito al desempeño de Valencia, aplaudido por muchos.

El llamado de un veterano

“La plaza más importante para mí ha sido el Nuevo Circo de Caracas y quisiera pedirle a los entes gubernamentales que hicieran algo por esa plaza, que no la dejemos perder, que la recuperemos porque es muy importante”, resalta el matador de toros.

Centros comerciales hay muchos, según bien señala Bernardo Valencia, pero el Nuevo Circo de Caracas es único y quienes viven del acontecer taurino, reclaman su recuperación.

Bernardo Valencia es una de las personalidades de nuestra ciudad que fue fotografiada por Roberto Mata, como parte del repertorio con el que contará el calendario 2005 que valencia.com.ve produce actualmente.

Escrito por Laura Gamundí
Domingo 14 de noviembre de 2004 a las 6:12 pm ( )

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