Valencia sin Paloma de la Paz a los 32 años de la muerte de Picasso


Hoy se cumplen 32 años de aquel 08 de abril en el que el maestro malagueño Pablo Picasso dijo adiós. El legado que dejara a Valencia 18 años antes de su muerte, aun sigue extraviado. Un autógrafo, acompañado de una de sus icónicas palomas de la paz. Una obra sencilla, pequeña, pero dedicada a nuestra ciudad con el motivo de la celebración de su cuatricentenario. Personas insignes del quehacer cultural valenciano destacan la importancia de que este patrimonio sea recuperado.


Mediante diversas declaraciones hechas ante algunos medios de comunicación regionales, se ha establecido que hasta el año 1982 la “Paloma” estuvo en el Ateneo de Valencia. En dicha institución, la obra fue exhibida por primera vez a su llegada a Venezuela, en 1955, en el marco de la Exposición Internacional de Pintura, muy recordada por quienes tuvieron la oportunidad de disfrutar de ella.

No obstante, las posiciones que han tomado quienes se han mostrado dispuestos a declarar (claro está, muchos se han negado, quizás por desinterés, quizás por miedo) son bastante diversas. Tal vez el aniversario de la muerte de este genio creador sea una oportunidad propicia para darle mayor fuerza a esta denuncia.

Vista en el 82
Tibisay Useche fue presidenta del Ateneo de Valencia en el período 1980-1982 y a pesar de que durante esos dos años ella asegura no haber visto nunca la obra, poco antes de dejar el cargo se dispuso a realizar un inventario, deber que su antecesora en dicho cargo aparentemente no cumplió.

Acompañada de Ramón Correa y de la que tomaría el puesto, Judith Villamediana, Useche relata reviviendo, como si hubiera sido hace muy poco, el primer y único momento en el que vio la Paloma. Luego de haber inventariado todo lo que se encontraba en el depósito general de obras, acompañados de otras personas cuyas identidades Useche asegura no recordar, entraron a un “pequeño cuarto”, ubicado al lado de la oficina de la presidencia, “que nunca se abría”, en el que encontraron arcillas, pasteles y óleos muy sencillos.

La pipa de Pocaterra estaba allí, afirma con seguridad Useche y también el saludo de Picasso, que llegaron a ver luego de que Correa lo encontrara dentro de una carpeta manila marrón. La que para aquel momento dejaba la presidencia de la institución confiesa haber pensado que la obra era una “hermosura” y haberse extrañado de que la pieza estuviera allí.

“Nunca llegué a tocarla”, lamenta Useche, explicando que por ello tampoco es capaz ahora (más de dos décadas después) de recordar los detalles. Destaca que la pieza es muy valiosa por el solo hecho de ser original y de contener la firma de Picasso, por la que miles de personas alrededor del mundo han pagado cantidades inimaginables. No se trata de las tantas serigrafías que se hicieron de las palomas de la paz que este maestro quiso que estuvieran en todos lados y que durante varios años se conseguían en París a 10 francos cada una.

“Eso es patrimonio de Valencia”. Eso y más obras que se han perdido en esta ciudad, mientras “nadie se da cuenta y todo el mundo olvida”. En el caso de la Paloma, Useche enfatiza que ésta fue dada en custodia a una institución seria, que ahora debe dar alguna respuesta. “La obra tiene que aparecer”, pero también importa “que se sepa quién fue”. Useche no cree en la posibilidad de que esta obra se haya extraviado.

Si no se perdió, que aparezca
Cora Páez de Topel, presidenta del Ateneo de Valencia en el período 1974-1978, fue también consultada vía telefónica. A pesar de que ella asevera: “yo no recuerdo haberla visto”, sí recuerda que ésta entró en el inventario que se hizo cuando fue su turno de dejar el cargo.

Destaca que la obra “no era un cuadro, era un saludo (…) una pieza bastante pequeña”. Evalúa como posible que ésta se haya traspapelado o perdido, ya que “durante mucho tiempo las piezas del Ateneo no tuvieron una sede” con las condiciones apropiadas para su conservación. De no haber sido éste el caso, califica como “bien importante” que el “autógrafo” aparezca.

Denuncia internacional
Wladimir Zabaleta, reconocido artista plástico valenciano, se ha mostrado preocupado por el “extravío” del saludo de Picasso, reconocido mundialmente como uno de los más influyentes artistas del siglo XX.


La Paloma, considera Zabaleta “es patrimonio de la ciudad y del país” y, como tal, merece respeto. Él colaboró y laboró en el Ateneo de Valencia entre los años 1958 y 1966. Hoy delata sin temor haberse acercado a apreciar la obra, que se encontraba montada en “un marco delgadito, muy modesto”, innumerables veces. Era en aquel entonces estudiante de la Escuela de Artes Plásticas y “casi un fan” de Picasso.

Zabaleta desmiente varios de los rumores que se han ido surgiendo. Recuerda que la obra estaba hecha sobre un buen papel de algodón y dice con humor que “los maestros no dibujan en papel bond”. Tampoco lo haría el famoso malagueño. Asimismo, asegura que la obra no era demasiado pequeña, sus recuerdos le remiten a un espacio de 32 x 25 aproximadamente. Teniendo en cuenta el paso del tiempo, probablemente estas medidas no sean exactas, pero dan la visión de un testigo presencial que además sabe de lo que habla por ser también él artista.

No es la intención de este valenciano apuntar culpables o “dar nombres”, su preocupación reside en que se respete de la forma debida el descuidado legado artístico cultural de Valencia. Condena Zabaleta la común desidia ante él y plantea que quizás éste sea el momento propicio para “hacer preguntas por otras cosas que se han perdido”, entre ellas cómo y cuándo nuestra ciudad ha sufrido algo parecido a un desmantelamiento. Valdría la pena agregar otras, como el por qué. Este artista esboza como una de las principales causas la “mucha permisividad” que existe entre quienes forman parte del medio cultural.

El punto en el que Zabaleta se muestra más enfático es en la necesidad de hacer una denuncia ante la Interpol, ya que este organismo “opera internacionalmente y no hay que olvidar que Picasso es una firma internacional”, reitera. Defiende que en caso de hacer dicha denuncia, ésta permanecería en el tiempo “La ciudad puede esperar 100 años” antes de que la Paloma aparezca y sea devuelta.

Muchas preguntas, pocas respuestas
El pasado domingo 03, luego de realizada la premiación y cierre del 62 Salón Arturo Michelena, Bernardette Rodríguez, integrante del equipo de redacción de valencia.com.ve, aprovechó la oportunidad para entrevistar a José Napoleón Oropeza. Luego de hablado lo pertinente a la ocasión, Napoleón fue interrogado acerca del “extravío” del saludo de Picasso. Educadamente Oropeza respondió: “no tengo nada que decir al respecto que no haya dicho anteriormente”.


Siendo él quien encabeza esta institución desde el año 91, la respuesta merecía ser un poco más completa. Se sabe que lo que Oropeza dijo antes fue “que eso nunca había estado en los archivos del Ateneo”. Además, se ha preocupado en demostrar, luego de algunas acusaciones, que la obra no se encuentra en su casa. Es importante que responda no por la sospecha, bien o mal fundamentada, de que él tenga la Paloma, sino por el sólo hecho de presidir la institución que debía fungir como su guardia y custodia. Resulta difícil entender que no haya nada más que decir.

En un artículo publicado a principios del 2001 en el diario catalán La Vanguardia, cuyo autor es José Luis de Vilallonga, éste asegura: “Picasso ha detestado siempre las mentiras, sobre todo cuando el arte se ve envuelto en ellas”. ¿Detestaría el maestro conocer la verdad acerca del destino del saludo que hiciera a Valencia hace ya 50 años?

Escrito por Laura Gamundí
Viernes 8 de Abril de 2005 a las 11:05 am ( 4,989 lecturas )

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