“Serena Danza del Olvido” un posible y lejano sueño
Un posible y lejano recuerdo abunda sobre la memoria de Pablo, León y Grisel-da, también un paraje desconocido, un lugar lejano en un pueblo lejano, una cierta hostilidad de no poder encontrar una, alguna salida.

El que viene “Pablo” es hallado en las afueras del pueblo, en las estepas de los alrededores de esa pequeña “villa” de torno circular, laberíntica, hermética, ce-rrada, sin pasado, ni porvenir. Hallado en la “sonrisa” perpendicular que se vie-ne agreste, con la mirada del desierto, desierto inconsolable por lo frío, lo seco, lo hórrido, lo evaporizante del recuerdo por lo demás constante “espacio”, even-to en la dramaturgia de Héctor Levy-Daniel.
Una distancia, un diferencial con el tiempo los abruma, le cambia los tonos, les imposibilita a cada paso girar nuevamente hacia el tiempo correcto de vida. En esta ciudad, en estos hombres que la “habitan” no hay manecillas de relojes que puedan superar la inconsistencia, lo efímero del tiempo. El tiempo en esta pieza está absolutamente suspendido de la idea de tiempo. El espectador queda fuera de todo lo que podría llamarse contexto, o argüirse como forma, marco. Tonos de acritud imposible, que se van tornando hostiles a los oídos de los otros. Gri-selda que anhela, Pablo que no sabe, León que no quiere soltar, que no se deja llevar, que parece detentar un poder, una cierta violencia silenciosa (tal cual como es la violencia) Nombres que se nombran apenas con un sentido percepti-ble del “estar ahí”, del “ser ahí” un entre de ellos espeluznante, al mismo tiempo nombres que suenan lejanos, ignotos de repente, circunscritos al espacio de ellos mismos, a su esfera íntima, personal e individual, nombres que no pro-vienen de ningún lado, que dejan un vacío, un hueco en el llano de la memoria de los personajes. “Serena danza del olvido” va borrando la huella que deviene de ella. Primero es muy fuerte, muy marcada y en el mismo sentido del desarro-llo de la acción (si es que fuera posible ya ir pensando en esto), cada una de la historia de los personajes va desdibujándose, perdiéndose, extraviándose de ellos mismos, la historia misma va deshaciéndose, desmadejándose. En este sentido parece que corren “en busca del tiempo perdido”.
En Serena Danza del olvido, no se está hablando como de una “dificultad” en el sentido tal de la palabra, sino más bien, como si al término lectores/espectadores, nos adentráramos en un camino de piedras. no es lo mismo correr en un camino llano, que a campo traviesa esto es: me interesa este tema de la memoria sobre la que se juzgas los elementos de la obra, este sistema de inconexiones, de desapariciones, de imperfecciones de los órdenes “familiares” y de las relaciones interpersonales, esposo, padre amante, amigo, apenas un vago recuerdo… en los órdenes de los sistemas totalitarios pareciera que haya algo siempre que nos mueve a una zona espeluznante de desconcierto, una zona un tanto “enigmática” (sin ser metafísico) en el que se produce eso que llamamos terribles “lagunas mentales” como para entonces poder decir quien fue nuestro padre, o nuestro esposo, o nuestro amante y luego esta zona, este interregno de la indiferencia, de la “duda”, este interregno movedizo, genera un espectro fan-tasmal que puede dar pasa a cualquier tipo de caos. ¿No sería esto lo que les ocurrió a los fascistas nazis? Una especie de olvido cruel, que no les permitió diferenciar entre tu hermano, tu amigo, y tu enemigo, tu inquisidor, A esto Arendt llamaba totalitarismo, a que todos somos iguales y no tenemos diferen-cias.
“Serena danza del olvido” es pedregosa, absolutamente inquietante, y hasta conmovedora, en ese camino incierto en el que transitan los personajes, pues en medio de esa no memoria tratan de no volverse fútiles o pusilánimes, y es precisamente la fragilidad de la memoria lo que los vuelve a un entorno hostil con si mismos y con los otros… el “entre” está sujeto a algo muy endeble que produce un descontento y un final trágico… Esa “Serena danza del olvido” que sabemos que nos va llevando al mundo trágico, a la catástrofe inevitable, y que para no aceptar no poder recordar con el otro, suponemos suspenderlo en la indiferencia.
SERENA DANZA DEL OLVIDO: Una obra dirgida por Héctor Levy-Daniel
PERSONAJES: León: Alejo Mango – Pablo: Ignacio Pagliere – Griselda: Paulina Torres
Voz en off (Thelma): Coni Marino
Fotos:Marcela Gabbiani
Asistente de Dirección: Gastón Calvi
Carlos Dimeo
Director, editor, escritor e investigador de teatro latinoamericano, es actualmente profesor en el Postgrado de Teatro Latinoamericano de la Universidad Central de Venezuela, profesor en el Postgrado de Literatura Venezolana en la cátedra de Teatro Venezolano en la Universidad de Carabobo y profesor de pregrado y postgrado en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador de Maracay.
Además director de Dramateatro Agrupación y director de la revista de investigación teatral Dramateatro revista digital http://www.dramateatro.arts.ve










