Camille Claudel (parte II) - “Yo lograré ser sólo yo misma”
Pronto los problemas entre Rodin y Camille comienzan. Camille queda embaraza y le pide a éste que se case con ella, pero no hay respuesta. Rodin nunca dejará a su mujer Rose Beuret. Camille aborta, queda resentida y deja a Rodin afirmando: “Ahora me ocuparé de mí misma”.

Como una desaforada esculpe hasta con las uñas. Al terminar un busto de Rodin éste lo ve y exclama: “¡Maestra…Bruja!”.
La ruptura entre los dos causó heridas tan profundas como la pasión que vivieron por más de diez años. Camille nunca se recuperó y comenzó a tener crisis nerviosas cada vez más frecuentes, llegando, en algunas de ellas, a destruir gran parte de su obra. No encuentra apoyo en su familia pues su madre y su hermana siguen siendo hostiles a su forma de vida y su hermano Paul está lejos.
Destruida -como parte de su obra-, el 3 de marzo de 1913 muere su padre y siete días después, el 10 de marzo, por iniciativa de su madre, es secuestrada e internada en el Sanatorio de Ville-Evrard. Es declarada enferma y un peligro para la sociedad; y en julio del mismo año, es trasladada a Montdevergues cerca de Avignon, en Francia, a un asilo para alienados donde permanecerá prisionera para siempre, a pesar de los ruegos a su hermano Paul. Ese tiempo de oscuridad duró 30 años, de 1913 a 1943, es decir, desde los 49 años de edad, hasta los 79, cuando muere.

Bruno Nuytten llevó a la pantalla la vida de Camille Claudel y Anne Delbèe ha reunido fragmentos de sus cartas desde el asilo, en su libro Une Femme, editado por Presses de la Renaissance, Francia, 1982.
Danielle Arnoux, una psicoanalista francesa, quien dictó en México un seminario sobre Camille Claudel, ha dicho: “¿no habla esta prisión perpetua de un crimen médico de lesa humanidad que no reparó en lo más mínimo en escuchar a la paciente y en atender a sus razones, a su dolor, a su tragedia amorosa? Ni siquiera planeó, acorde al “diagnóstico”, estrategia alguna de recuperación.
Ese “sanatorio” fue una cárcel que por la fuerza tuvo enclaustrada, como “loca”, a una artista única y genial; y que brutalmente trató de borrar a un ser extraordinario de la conciencia social, llegando al extremo de prohibirle escribir y recibir cartas. Sus médicos fueron verdugos implacables. Y si esto no fuese suficiente, el poeta Paul Claudel, escribió, y bastante, sobre su hermana, revelando de modo riguroso una evocación de la tragedia de su prisionera.
Por último, su madre jamás fue a visitarla y rechazó, a fines de los años veinte, el consejo de los médicos de regresarla a su hogar. Paul Claudel, embajador y célebre poeta adinerado, se negó, en 1933, a pagar la pensión hospitalaria. Y cuando falleció en 1943, se llamó a la familia que no respondió; así, el cadáver fue a parar a la fosa común, denunciando con estos últimos hechos, la insensatez de los ultrajes que le inflingió la sociedad de su tiempo y -¿por qué no decirlo claramente?- también su madre, así como los hombres que signaron su vida.”
Lea la Parte I
Luisa E. Betancourt
es directora/fundadora del Centro Multidisciplinario de Arte Contemporáneo (CEMAC). Obtuvo el título de Master of Fine Arts bajo el programa Beca Fulbright. Es artista multidisciplinaria e investigadora de arte.
Visita la página web Luisa Elena Betancourt: www.luisaelenabetancourt.com










