Un merecido aplauso a “Vientos y Polímeros”
El mundo valenciano de la danza estuvo a la expectativa y no era para menos. La fusión entre movimientos y conciencia ecológica coreografiada por Juan Monzón, director de Valencia Danza Contemporánea, en su más reciente obra Vientos y Polímeros, constató cómo elementos simples, vitales y cotidianos, y la sensibilización para con la naturaleza pueden estar perfectamente combinados sobre un escenario.

Monzón bien lo dijo, “no transmito mensajes”, quizá por eso no fue precisamente un mensaje lo que percibimos los que pudimos disfrutar de esta obra. Más que un mensaje, una toma de conciencia; más que una toma de conciencia, una visión amplia y excitante de lo que el arte es capaz de demostrar y transmitir. Y el coreógrafo supo cómo llegarle a un público que vitoreaba con vivas voces y fuertes aplausos la propuesta escenificada los pasados 08 y 09 de septiembre en el Teatro Municipal de Valencia.
Vientos, producto del movimiento singular del aire que respiramos, necesidad de la vida del ser humano, elemento liberador para la danza. El aire formó parte no sólo de una escenografía sin telones, sino que se transformó en la esencia del baile conjugado con los movimientos de los bailarines, cuyos cuerpos danzaban quizá para jugar con el viento, quizá para desafiar su fuerza.
Polímeros, unión de cientos de miles de monómeros cuya composición genera numerosas formas y objetos. La particular visión de Monzón logró enlazar la danza con la cotidianidad y sencillez de elementos que forman parte de la vida diaria. Las luces, el aire, los cuerpos, nada fue al azar.
Al dar inicio, envases de plástico dispuestos sobre las tablas, formaron parte de un trío de bailarines que reflejaba dependencia y necesidad de contacto. Luego láminas sintéticas se plegaban y desplegaban en un ambiente un tanto tenso, un tanto nocivo para el ser. Más adelante la mujer, una vez más, se mostraba vulnerable, femenina y única en singulares movimientos sobre tacones altos.
Las tres primeras piezas, envueltas en una impactante musicalización, demostraron la problemática que el creador de la propuesta quiso dar a conocer: el daño y la dependencia escondidos entre las variadas caras de la belleza. Pero luego, la toma de conciencia y la intención hacia el cuidado de la naturaleza se dejó llevar a través de saltos, giros, agua y sonidos ambientales que lograron el equilibrio de la convivencia entre vientos y polímeros.
Felicitaciones a Milagros Bordones, María Gabriela Moreno, Yacanna Martínez, Ulises Contreras, Jesús Ojeda, Erwind Ruiz, César Arrayago y Jhonny Martínez. Talento valenciano dedicado incansablemente a creer en el arte, en la danza y en la ciudad.
Otro ¡Bravo! al maestro Juan Monzón, joya valenciana y visionario peculiar, quien no deja de sorprender, sino por el contrario, sugiere cada vez mayores y mejores expectativas para las que en ocasiones, quizá Valencia no esté preparada, pero que a través de sus coreografías las recibe con entusiasmo y con el especial aplauso que el director de Valencia Danza Contemporánea se ha sabido ganar.

Por ahora, esperamos que el éxito continúe y la conciencia se transmita hacia otras ciudades del país, mientras el maestro nos vuelve a sorprender.
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