Farmacia La Torre: salud, realismo mágico y nostalgia
Ubicada en la esquina La Torre de la Plaza Bolívar, se halla una famosa farmacia que, aunque ya no cuenta con la existencia de sus fundadores, todavía se encuentran entre nosotros, personas que han logrado ver los cambios que se han dado después de permanecer 72 años con las puertas abiertas al público.

La historia de la Farmacia La Torre se deriva de la Farmacia Moderna, ubicada a unos pocos metros una de la otra, en todo el frente de la Plaza Bolívar de Valencia. Fue en 1926 cuando Francisco Guada y Ramón Elia Guerra fundaron la farmacia Moderna y luego de siete años, los socios se separaron, quedando divididos los negocios. Fue entonces, en 1933, cuando Guada decide abrir la farmacia La Torre que, hasta nuestros días, no ha cambiado de lugar.
Este relato es contado hoy día por Víctor Boggiano, Luz Boggiano de Giugni y José Manuel Villasana, quienes fueron empleados de la farmacia y, aún con mucha energía, recuerdan esos días de trabajo. La doctora Boggiano, hija de Víctor y sobrina de Luz, es quien heredó la representativa tarea de encargarse de este legendario negocio.
Luz Boggiano fue por muchos años farmacéutica, y todavía hoy se dedica a sus labores de formular recetas y enseñar a los auxiliares de farmacia que laboran en el establecimiento. Víctor Boggiano y José Villasana, ambos auxiliares de farmacia, comentan que “hoy día hay muchos auxiliares, pero muy pocos de ellos saben lo que es la recetura que representa la parte más bella de la farmacia”. Explican también que, en ese entonces, “se sentía mucho respeto por los farmacéuticos porque venían a ser como el maestro en la escuela que enseña al alumno”.

“La belleza de la farmacia estaba en la recetura”, recuerda Víctor Boggiano haciendo énfasis en que La Torre es la única que conserva el sistema de formulación de hace tantos años, donde el farmacéutico prepara la receta que manda el médico. Esto se hacía porque antes no se despachaba como ahora, sino que se trabajaba con recetas. El médico formulaba y el paciente se dirigía a la farmacia con las pruebas que eran preparadas en la recetura. Pero, según afirma, Villasana, “ya los médicos no formulan porque la materia prima sale muy costosa”.
Entre las anécdotas más recordadas por Villasana, relata que durante los siete años que trabajó en la farmacia se rumoraba la presencia de un espanto en los pasillos de la casa La Torre, la cual se extiende desde la farmacia, pasándole por detrás a la Panadería La Torre, hasta la zapatería. Cuenta que cuando le asignaban las guardias de noche, al marcar las 12 el reloj de la catedral, caminaba hasta atrás con una linterna y un revolver. Villasana asegura no haber visto nada, pero quienes deambulan por ese pasillo, que hoy día es un comedor para los trabajadores, manifiestan escuchar ruidos y pasos extraños.
La Farmacia La Torre ha estado ubicada en esa esquina desde sus inicios, pero, cuentan los relatores de esta historia, que los alrededores de la Plaza Bolívar han cambiado con el tiempo, así como también la gente que circula por allí. Luz Boggiano recuerda con mucha emoción las retretas que se organizaban los jueves y domingos en la mañana y en la tarde. “Salíamos de misa a las 10:30 y pagábamos un real por el alquiler de las sillas hasta la 1:30 de la tarde”, refiere Boggiano.

Asimismo, se recuerdan del bazar de los hermanos Amaré, la fuente de soda ubicada donde está hoy Dorsay, el Bazar El Monolito, el Teatro Rigoli, la sastrería de Luis Chávez, el Botiquín Bilariño, el Palacio Arzobispal y todos los establecimientos que rodeaban aquel piso de mosaico que caracterizaba la respetada Plaza Bolívar de los años 30.










