María y sus empanadas de medianoche
Valencia se caracteriza, desde hace ya varios años, por tener una gran movida nocturna, sobre todo los fines de semana. Esto, además de diversión, va acompañado del hambre que normalmente ataca en horas de la madrugada. Exactamente en la avenida Mañongo de El Trigal, cruce con la calle autocinema, en la esquina de la estación de servicios PDV, se ubica todas las noches la señora María Boscán, ofreciendo siempre sus deliciosas empanadas, una opción de alivio para el apetito de los noctámbulos.

Debido a su difícil situación económica y a la necesidad de trabajo, hace cinco años esta carismática barinesa radicada en nuestra ciudad, comenzó a considerar la posibilidad de vender empanadas en la mencionada esquina. Anteriormente trabajaba cerca de allí y cada vez que pasaba cerca pensaba que éste era un excelente punto para trabajar; estaba segura de que las personas que se encontraban divirtiéndose a esas horas, se dirigían a sus trabajos o simplemente pasaban y les provocaba comerse algo, podían observarla fácilmente.
Y no se equivocó, hoy en día ésos son sus principales clientes y el negocio cada vez es más fructífero. Al inicio trabajaba en las mañanas, desde aproximadamente las 5:00 hasta las 10:00, pero debido a la negación del dueño de la bomba de que se situara allí, tuvo que cambiar su horario. Ahora, gracias a su insistencia, podemos encontrarla de martes a domingo desde las 11:00 de la noche hasta las 5:00 o 6:00 de la madrugada, dependiendo de las ventas.
Un día normal de trabajo de la señora María no es nada fácil. Tiene ocho hijos y dos de ellos, Yuneisi y Yudelis, han sido quienes más la han ayudado con el negocio, especialmente los fines de semana. Vive en la Monumental, y llega y se va en un taxi todas las noches. Don Ramón, su esposo, y su hija menor Yuneisi, casi siempre le tienden una mano en la preparación de la comida.

“Toda la gente de por aquí me quiere y me respeta. Los que pasan en los carros o los que vienen a comprar también, me gritan muchas veces ¡María te amo!, ¡póngame la bendición!. Para la gente de acá yo soy la mamá de ellos(…) Dios y la Virgen son los que me cuidan cada noche”, dice María sonriendo y señalando al cielo.
Además de empanadas de carne mechada, molida, cazón, queso, salchicha, guiso, pollo y pabellón, esta singular mujer le ofrece a sus clientes arepas, pastelitos, café con leche, variedad de jugos naturales, avena y papelón con limón. Al acercarse diciembre agrega al menú las populares hallacas.
Acerca de la elaboración de sus empanadas es difícil averiguar, su secreto lo guarda celosamente. Sólo dijo que aprendió a prepararlas gracias a su madre y que les añade un poco de azúcar, harina de trigo y harina pan. Al guiso le coloca mucho aliño y cero color. “Si quiere saber de mis empanadas pregúntele a ellos –señalando a un grupo de clientes-, la gente dice que son muy buenas y que mejoro a las de El Palito (…) para acá vienen personas de muchas partes, Maracay, San Diego, Puerto Cabello y siempre me dicen lo mismo”.

María ha sabido ganarse el cariño de todos sus clientes. Está satisfecha con su negocio porque asegura que las ventas son muy buenas, pero sueña con tener un local digno y permisado para sentirse más segura y poder tener un horario más flexible y cómodo que le permita dormir con normalidad. Mientras tanto, los que sufren de insomnio o les gusta salir por las noches, seguirán teniendo la opción de disfrutar de su comida.










