El gatopardo - Tomasi de Lampedusa


Hay ciertos libros que no puedo pedir prestados, porque me avergüenza confesar que no los he leído; que tampoco consigo en las librerías, misteriosamente empeñadas en tener sólo clásicos (en el sentido más ortodoxo del término) y novedades (como si a la literatura le interesara la actualidad). Pero, gracias a esos libreros, que permiten a los desposeídos ir nutriendo sus exiguas bibliotecas, conseguí El gatopardo, que entra en la categoría de inconfesables, desde mi punto de vista.


Creo que la primera mención (y si no la primera, por lo menos la más indeleble) me la hizo Vargas Llosa. Al igual que el peruano, me declaro confundido y desconcertado ante esta rara avis, con una incomodidad prejuiciosa, ya que es la opera prima de un cincuentón.

Ante Lampedusa tengo la lamentable impresión de que todo lo que he dicho, escrito y publicado, sobre todo si los pienso como parte de un proceso de maduración de una voz, son a la larga una estéril gimnasia. El gatopardo, así como Una temporada en el infierno, y los textos de Rulfo, acaso nos insinúan que tales procesos de maduración no son inherentes al individuo, sino a cada obra en particular.

Pero a diferencia de Vargas Llosa, a mí la nostalgia de Lampedusa por los valores aristocráticos no me parecen una necedad. Quizá hemos tenido, en la mayoría de los casos, la visión de la aristocracia que nos dan los escritores plebeyos (como Dostoiewsky o Balzac); con contadas excepciones, como el Duque de Saint-Simon, son relativamente pocas las incursiones en las letras de verdaderos nobles (con ese subrayado quiero excluir tanto a los falsos nobles, como Duchase, como a los que renegaban o desdecían de su condición, como Sade). Sospecho que nos hemos perdido de algo, de una parte del mundo, de una forma distinta y delicada (se infiere de la lectura de El gatopardo) de percibir y decir las cosas.

Rafael Victorino Muñoz
Valencia, 1972
Profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación y del Área de Estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo y de la Universidad Arturo Michelena. Narrador y ensayista, autor de Pre-textos (1996, relatos), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, relatos), Notas y digresiones (2000, ensayos). Ganó el primer premio en el concurso de cuentos “Salvador Garmendia” y obtuvo mención en la Bienal “Simón Rodríguez”. Asimismo, fue seleccionado en el Certamen Mayor de las Letras y las Artes, convocado por el CONAC (2004).

Escrito por Rafael Victorino Muñoz
Domingo 30 de Octubre de 2005 a las 11:31 am ( 475 lecturas )

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