Carlos Vives y su rock duro y original
La arena de la Monumental fue el suelo que sostuvo al público valenciano, que disfrutó de un excitante y eufórico concierto en la voz de uno de los cantantes más queridos de la música colombiana y latinoamericana, Carlos Vives.

Con un imponente y cautivador escenario que tenía de fondo la fachada de una casa tradicional con retazos de su música y su tierra natal, en cuyo techo se leía “el rock de mi pueblo tour”, el cantante neogranadino conmovió y le alegró la noche a su público con las principales notas de las inolvidables “Carito”, “El amor de mi tierra”, “Déjame entrar” y “Como tú”, de su más reciente producción discográfica.
Sin dejar de ser Vives, con sus jeans, franela sin mangas y sus indispensables sandalias de costeño, se dedicó a su gente con tanto carisma que no pudo evitar regalar la luna a quienes se encontraban debajo de ella contemplando su inolvidable presentación.
El destello visual que enfocaba gráficamente todo lo que ha sido Carlos Vives y su Provincia con imágenes de videos musicales, fotografías de su patria y un conmovedor collage de rostros de niños –sin distinción de raza ni credos- marcaron un detalle que indiscutiblemente sedujo a la multitud presente.
Para el momento de la “Gota fría”, la sensación era similar a un temblor en una elevada escala de Richter, donde cientos de voces hacían un solo coro en una misma dirección, demostrar cuán significativo es Carlos Vives para los venezolanos.
Sus instrumentos indispensables, el acordeón, en manos de su perenne Egidio Cuadrado y la armónica, sin dejar de mencionar su encantador movimiento de cumbia, dieron al repertorio el toque típico de este artista.

Acercándose la hora de apagar las luces y cerrar la puerta de El rock de mi pueblo, Vives cantó lo que se suponía debía ser la última balada, pero por supuesto el centenar de voces se unieron de nuevo para tener un rato más a este cantautor colombiano. El resultado fue el esperado, un intérprete bacano con otra franela para sudar y una bandana azul en la cabeza lo mostraban listo para compartir ahora sí las últimas canciones de la noche.
Un final indeseado por quienes lo esperaron desde temprano con una canción de la historia que aun hoy, después de tantos discos, estremece la memoria de quien alguna vez -aunque sea por equivocación- la escuchó, “La tierra del olvido” acentuó la vibra y emoción que seguidamente incluyó su hasta luego con la frase “éste es el rock de mi pueblo, el duro y el original”.
Las ganas por volverlo a ver se notaron en el aire desde que se perdió su figura en la oscuridad del escenario. Ojalá su presunto retiro del mundo de la música se convierta en utopía, de lo contrario su ausencia se hará sentir, sobre todo en su hermano país.










