175 años de la muerte del Libertador
El 17 de diciembre de 1830, en las cercanías de Santa Marta, Colombia, fallece un gran valuarte humano venezolano, y digno representante de la emancipación e igualdad de los pueblos suramericanos. Hoy se conmemoran 175 años de la muerte de Simón Bolívar, libertador.

La historia resulta sabia, sobre todo cuando expresa en sus versículos las campañas redimidas por el altruista venezolano Simón Bolívar, cuyos pensamientos y luchas se han mantenido en el tiempo. A pesar de haber nacido en el seno de una familia aristocrática, lo que implicaba una vida de lujos y privilegios, éstos no bastaron para este incansable beligerante, quien siempre mantuvo contacto con los ideales republicanos y democráticos que guiaron su misión para alcanzar la liberación de la América Meridional.
Mucho se discute acerca de las hazañas y conquistas logradas por este personaje perseverante, consiguiendo nombrar algunas de ellas (la Gran Colombia, el Juramento en el Monte Sacro, la Carta de Jamaica, entre otras) como marco referencial de la asombrosa labor desempeñada, pero de su muerte, de esa agonía tan misteriosa qué se conoce; para muchos simplemente la causa del fallecimiento es atribuida al padecimiento de una dolorosa enfermedad. Otros, que son un poco más incautos, hablan del sufrimiento de la sombría afección de tuberculosis.
Dos nuevas hipótesis se deslindan en torno a la supuesta causa de deceso de Bolívar, sostenida por un grupo de galenos conocedores del tema, quienes alegan que tal fundamento pudiese estar vinculado en primera conjetura a una posible “colitis aguda febril de naturaleza amibiana”, y como segunda presunción, por envenenamiento medicamentoso por tratamientos a base de “arsénico” o de “compuestos arsenicales”.
Puede parecer extraño que una persona tan jovial y activa, que tuvo la osadía de cruzar páramos, llanuras y parajes extremos, encontrara el final terrenal a tan temprana edad. Simón Bolívar, con tan solo 47 años, sumergido en la miseria y la soledad, y lejos de su patria, dio su último aliento. Conciente de aquella situación tan desgarradora que lo embargaba, expresó su más anhelado deseo: “el mantenimiento de la unión Gran Colombia”.
En Santa Marta, ya pasada la 1:00 del mediodía, el desconsuelo y la aflicción comenzó a impregnar el entorno de la quinta San Pedro Alejandrino, lugar que sirvió de lecho para la muerte del Libertador. Aquel hombre, destrozado por guerras fraccionales y desengañado de su gran sueño, dejó un legado que aún está vigente para muchos.










