Receta para servir el sabor venezolano envuelto en una hoja de plátano


Diciembre es un mes que se caracteriza por la alegría, la unión y el reencuentro, reencuentro que no sólo se da entre amigos y familiares, sino también entre el paladar venezolano y uno de platos típicos más sabrosos de nuestra gastronomía. Y aunque no es pecado comerlo durante el resto del año, no hay nada como comer una hallaca al ritmo de las gaitas, las parrandas y las luces de navidad y año nuevo.


El primer e indispensable requisito para preparar hallacas es el bolsillo, que debe estar en condiciones medianamente estables para la inversión en los menjurjes necesarios en este exquisito plato navideño.

Si vive en Valencia y quiere economizar, el segundo paso es visitar alguno de los periféricos a tempranas horas de la mañana -8:00 am a más tardar- para encontrar los productos de primera y mejor calidad.

Aquellos con numerosos miembros de familia deben calcular que con 100 mil bolívares salen más de 100 hallacas. Si le parece excesivo el costo, opte por las populares “vacas” que se hacen entre familiares para así colaborar con la comilona.

Los ingredientes que llevan las hallacas varían en cada cocina, van de lo sencillo a lo extravagante. Sin embargo, de su diversidad hay ciertos componentes que religiosamente deben estar presentes. Los atributos de este manjar se pueden clasificar en cuatro partes: los ingredientes para la masa, para el guiso, los adornos y la envoltura.

El tocino, la manteca de cochino, el maíz blanco pilado seco, la masa de maíz y -lo más importante- el caldo que queda luego de cocinar la gallina –que también se le añade al guiso- son atributos indispensables para la masa de las suculentas hallacas. El aditivo de rigor como la sal y las semillas de onoto no pueden faltar.

Ya adentrándonos en el relleno, en el guiso la lista es larga. Empezando por el maíz pilado seco y en masa, el pernil de cochino con poca grasa, cebollín o cebolla en rodajas, ajo porro (solo la parte blanca), dientes de ajo triturados, alcaparras, pimentón rojo, tomate sin piel y sin semillas, ajíes dulces y picantes, encurtidos. Sin dejar de mencionar los aderezos como el aceite, vinagre, sal, limón, papelón, pimienta y el toque de vino que puede ser tipo Moscatel, Marsala o La Sagrada Familia.

Los adornos también sufren variaciones que dependen de los gustos y de las regiones donde se preparen. Lo popular son las almendras, las alcaparras, aceitunas, pasas sin semillas y los encurtidos. Si es a lo maracucho, la hallaca estará engalanada con zanahoria y –al igual que los andinos- con garbanzo. Y si nos vamos al oriente, una rodaja de huevo duro será uno de los realces internos.

Hay otras anomalías que aunque poco comunes resultan atractivas cuando de hallaca se trata, tal es el caso de las rellenas con caraota y, para rendir tributo a la marisquería, las acompañadas con camarones.

Esto es poco para todo lo que se necesita a la hora de hacer hallacas. No sólo son los ingredientes y el dinero que se debe invertir, es el espíritu navideño bien consolidado, las ganas de dedicarle el tiempo necesario y la disposición de compartir en familia esta costumbre propia de los venezolanos.

Escrito por Samantha Nakhoul
Viernes 23 de Diciembre de 2005 a las 10:18 am ( 1,138 lecturas )

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