Lo que pasó en los carnavales de Puerto Cabello


La temporada carnavalesca 2006 fue para los porteños no tan concurrida como en años anteriores, pero al menos, sin una vaguada como la que en 2005 trajo mucha agua y poco regocijo. Las playas se llenaron unos días más que otros y las calles presenciaron el acostumbrado desfile de comparsas y disfraces entre los que no faltó el acostumbrado Cantinflas, el rey del Póker, el Dios del sol y los signos, entre otras figuras.


El fin de semana empezó con escasa afluencia de personas en las calles y en las playas de la costa. Playa La Rosa y la Bahía de Patanemo no registraron un gran número de visitantes durante el sábado. Sin embargo, al día siguiente no sería igual, ambos balnearios, más otras playas de la costa, tuvieron un alto índice de turistas, incluyendo Isla Larga que a la 1:00 de la tarde cerró la venta de tickets al registrar 2.500 visitantes, su máxima capacidad.

Entre tradiciones, ritos y costumbres

Como regularmente se celebra, la época de carnavales no sólo son días de asueto en Puerto Cabello; además de las predecibles carrozas y el cortejo de aquellos que aún mantienen vivo el espíritu como para camuflarse detrás de vestidos y atuendos llamativos, una de las actividades más esperadas por muchos es el día del baile de La Hamaca, tradición que este año sumó 135 años consecutivos de celebración.

Esta danza popular llega a Puerto Cabello –según algunas fuentes vivas expertas en el tema- gracias a unos inmigrantes procedentes de Curazao, quienes trajeron consigo la leyenda de La Hamaca, que consiste en el simulacro de un velorio que inicia los lunes de carnaval por la noche. Con rezos, café, licor y algo de jocosidad se celebra el primer día de La Hamaca. Al llegar la media noche, lo anterior se cambia por parrandas, tambores de San Millán y un rito en el que las mujeres lloran por el supuesto muerto.

Y así, el día martes de carnaval la gente sale a la calle con el rostro y muchos con el cuerpo pintado de negro y caminan juntos escenificando durante la procesión enfrentamientos que reflejan los celos que debe sentir el hombre por el llanto en honor derramado en el velorio. Todo esto hasta llegar al punto de encuentro que se concentra en El Malecón.

En más de una oportunidad esta celebración genera consecuencias no deseadas como enfrentamientos reales, resultado del exceso etílico, y hasta las pocas horas de descanso de muchos por iniciar las fiestas desde temprano.

Este día es particularmente poco transitado, los locales comerciales no laboran y los habitantes –a no ser que quieran participar en el baile de La Hamaca- se abstienen de estar en la calle. Sin embargo, y aunque muchos no lo compartan, este legado afroamericano parece permanecer en la cultura del porteño por mucho tiempo, inclusive se sospecha que pronto el Gobierno de Carabobo pueda decretarlo oficialmente como patrimonio del Estado.

El tráfico estos días de ocio habrá resultado ventajoso para los temporadistas que salieron de su entorno para visitar las playas de la costa carabobeña; la autopista Valencia-Puerto Cabello estuvo relativamente despejada durante la festividad, condición poco usual en años anteriores. Los reportes indican que muchos de los turistas escogieron las atracciones tropicales de Falcón entre otras opciones.

Escrito por Samantha Nakhoul
Miércoles 1 de Marzo de 2006 a las 11:06 am ( 1,351 lecturas )

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