Comienzos de Bienal (la Arturo Michelena)
Sesenta y tres años de Salón fatigado, requerían de un cambio, de modificaciones, y lo logró por agotamiento presupuestario, más que por crecimiento de presupuestos valorativos para su renovación y puesta en escena ante un siglo XXI colmado de vertiginosos cambios tecnológicos, de grandes problemas sociales y políticos, de no menos interrogantes sobre la globalización.
La comunidad artística nacional, desde su anuncio de convertirse en Bienal
Internacional, crece en expectativas, con relación a lo que denota la palabra Bienal en los escenarios internacionales: Bienal de Sao Paulo, Brasil, Bienal de Venecia, Italia, Bienal de la Habana, Cuba. Pensamos que esperar dos años para celebrarla, connota tiempo para su organización, logística, convocatoria, selección, invitaciones, recursos, espacios, etc.
Se acaban de desvanecer cuando convoca para su inauguración próxima, creemos, en el mes de octubre. De un universo de quinientas trece obras enviadas, se redujo a una selección de setenta y una obras, que significa un diez y seis por ciento de lo enviado y que de este diez y seis por ciento aceptado lo conforma un veintidós por ciento de artistas de vieja data en reconocimientos y participación en los salones más importantes del país. Tal situación ha repercutido con malestar en el medio artístico por semejante incongruencia, desde algunos puntos de vista, si tomamos en cuenta, que debe venir con aires renovadores, con otra visión, alcances y ambiciones en cuanto a reflejar un panorama más vasto y actual de lo que acontece en materia de artes visuales a nivel nacional e internacional, como lo anunció en su momento. Con este número de participantes, minimiza, por no decir anula, su pretensión y, la reduce a tan escuálida expresión, que descalifica su concepción.
Otro punto que toca sensibilidades, es sobre los artistas de provincia, que sienten que son los mayormente afectados, puesto que son los que quedan fuera del circuito expositivo y ven en los salones la oportunidad y casi única posibilidad de poder confrontar sus obras, ante un jurado especializado que suponemos dejará un precedente comunicacional que contribuiría a aclarar la problemática de las artes visuales en el país, y no que más bien refuerce la confusión y el desaliento de los procesos creadores. Aquí la responsabilidad, no sólo, recae en el jurado, también en la institución que organiza, ya que ellos crean la estructura que le dan base a la Bienal. ¿Qué nos indica esto?, que no se revisaron con profundidad sus bases, que no revisaron hacia atrás y mucho menos hacia adelante, no se investiga, no se hacen seguimientos a los artistas, y mucho menos asumimos ni reconocemos en otros, posibles formas de avance, de miradas concienzudas, sobre lo que implica los retos de estos tiempos.
Los artistas contribuyen a través de su inscripción a financiar la Bienal, que aunque parezca ínfimo, en este caso aproximadamente 21.000.000 de bolívares, deberían recompensárseles de manera que puedan satisfacer expectativas de otra índole, ya que no participarán, como por ejemplo, ofrecer eventos durante y después de la Bienal con carácter formativo y de apreciación sobre las artes, reponer un encuentro con el jurado donde explique qué criterios motivan la selección, ya que es una interrogante que por años se hacen los artistas y nunca nadie les ha dado respuesta. Concentrar especialistas de la cultura y comprometerlos en ayudar a mitigar, sobre todo a los jóvenes creadores, que responden con tanto entusiasmo a la convocatoria de los salones, sus inquietudes en relación a rechazos tan avasallantes como el de esta Bienal. Buscar la razón del fin, porque tal decisión, pareciera el fin de hacer arte en el país. Y no es así, al contrario hay respuestas en todas las generaciones, sin pasividad, investigando con criterios responsables que cada tiempo exige.
También es necesario estimular una relación crítica con el público. Tenemos el compromiso de enseñar que las obras dentro de un espacio expositivo no son para mirarlas pasivamente, hay que aprender a leerlas, hay que enseñar que el diálogo contemporáneo es renovación de pensamiento y de la expresión artística que intensifica cosas. El marco de la Bienal no puede seguir siendo lo que fue el Salón: un evento social, que moviliza gente el día que abre, porque ni el día de la premiación asisten. Entre lo primero y lo segundo no sucede nada. Es un espacio vacío, hueco en generar discusión. Sólo muestra obras.
Sólo sabemos que es poco y esperamos con paciencia el día de la revelación.
Es insuficiente para su pretensión de Bienal, pero no tiene porqué someterse sólo a los espacios cerrados, o sólo a los espacios de la institución que la alberga, cuando debería abrirse a otros, a través de alianzas con otras instituciones, o hacer de la ciudad participante de la Bienal.
Texto cortesía de Hilda Fé Medina C.
Hilda Fé Medina C.
Es una destacada artista plástico de la región que conoce y ha participado en ediciones anteriores del Salón Arturo Michelena, así como otros espacios de confrontación tales como el Salón Nacional de las Artes del Fuego.
Actualmente, forma parte del colectivo que expone, en el Gabinete del Dibujo y la Estampa de Valencia, una muestra titulada "Actualidad Gráfica en Carabobo".










