Naguanagua muestra con orgullo su pesebre
El hermoso samán de la Navidad, ubicado en Naguanagua, cuenta este año con una de las mejores obras de arte popular o arte ingenuo del artista Norman Corrales. Este representa el tradicional pesebre donde nació el niño Dios y complementa el ambiente navideño que por segundo año consecutivo ha logrado la alcaldía de Naguanagua alrededor del samán ubicado en la avenida Salvador Feo La Cruz.

Esta obra de arte de Norman Corrales, ha sido merecedora de dos premios: el del diario El Carabobeño y el del Gobierno de Carabobo. Y se inspiró en el deseo del autor por rescatar el motivo principal de la Navidad, por rescatar el valor que evoca el nacimiento del hijo de Dios en un humilde pesebre, especialmente en esta época en que la Navidad se ha convertido en tiempo de comercio y fiesta, y ha dejado de ser motivo que inspire la paz, la esperanza y la unión familiar.
Su autor lo bautizó con el nombre “Por la misericordia de Dios”. Esta conformado por varias piezas de madera de corazón de cedro, talladas y pintadas, que miden entre 80 centímetros y 2 metros y medio y llegan a pesar hasta 180 kilos. Cada una con un colorido y vistosidad muy particular del arte popular, representa un personaje o elemento del nacimiento: San José, La Virgen, el Niño Jesús, la mula, el buey, los tres reyes magos y el angel de la anunciación.
Corrales, artista venido desde Nicaragua hace más de 25 años, se siente naguanaguense como el que más. Con orgullo ha representado a Venezuela internacionalmente. Argentina, Estados Unidos, Francia y Suiza, han sido algunos de los países donde ha recibido premiaciones y reconocimiento por su trabajo, orientado y regido por los parámetros del arte ingenuo o arte popular.
“Este año muchas personas se acercaron a mi para pedirme la exposición del pesebre en otros municipios, pero mis trabajos siempre son para mi gente, para Naguanagua”, así lo expresó Corrales al comentar que la mejor manera de triunfar es siendo fiel a sus raíces, por lo que decidió exponer su obra bajo las luminosas y frondosas ramas del samán de Naguanagua, agregando “una navidad sin pesebre, no es navidad”.










