Serrat & Sabina: Una noche entre caballeros, música y poesía
Faltando pocos minutos para las ocho de la noche, las luces del Forum de Valencia se apagaron y arrancó un video que anunciaba que Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat no iban a poder ofrecer el concierto pautado por problemas personales. Se oye la sirena de una ambulancia y luego la magia. Los maestros salen a escena acompañados por otros diez músicos.

Con una mezcla del tema “Ocupen su localidad” de Sabina, y “Hoy puede ser un gran día” de Serrat, comienza el espectáculo que de inicio a fin está lleno de alegría, de ambiente de festejo, de complicidad.
Los cantautores muestran sus facetas de poetas, durante un concierto de más de dos horas de duración en el que, por encima de cualquier otra cosa, tienen ambos una determinación: pasarla bien. Intercambian canciones, versos, se mofan de sí mismos y del tiempo.
El repertorio completo lo integran temas de ambos compositores, pero en medio del recital le dan cabida a un tema de Peret, llamado “El muerto vivo”, que utilizan casi como declaración de principios: ellos no están muertos, están de parranda.

Llama la atención la forma magistral en la que logran unir sus voces para cantar a dúo algunos clásicos como “Tu nombre me sabe a yerba”, “No hago otra cosa que pensar en ti” o “Cantares” del cantautor catalán, y “Contigo”, “Y sin embargo” o “Noches de boda”, del escritor y genio de la impostura procedente de Úbeda.
En medio del concierto, justo antes de que los anfitriones tomasen una foto al público presente, dos personas que estaban en el área VIP levantaron un par de pancartas que decían “Dios salve al rey” e intentaron entregárselas a los artistas. Fue un momento tenso, pues el motivo era evidentemente político y lo que se buscaba era comprometer a los pájaros a asumir una postura.

Viendo la pancarta ya sobre el escenario, Sabina, respetuoso con todos, alzó hombros y manos en negación y dio dos razones: “es que somos extranjeros… y además somos republicanos”. La tensión desapareció ante el gesto caballeroso de mantenerse al margen sin ofender a nadie. Justo después el espíritu de fiesta permanecía intacto.
Y es que esa exaltación de la amistad, de la poesía y de la buena música, que lleva por nombre “Dos pájaros de un tiro”, no es para hacer activismo político, ni para opinar sobre el acontecer internacional. Sabina y Serrat quieren celebrar, cantar, compartir, bromear, ironizar sus defectos y también sus virtudes. Y eso hacen, sin importar nada más.










